
El cartel que se presenta, obra de José Valverde Ríos, encuentra su inspiración en los grandes carteles de mediados del siglo XX, rindiendo homenaje a la luz única de Málaga, esa claridad inconfundible que convierte la tarde del Jueves Santo en un umbral simbólico entre el cielo y la tierra.
En la composición, la tarde y la noche se funden en un mismo instante: los dorados del ocaso y los azules profundos de la noche santa envuelven a nuestros Sagrados Titulares, señalando la hora en la que el cielo parece inclinarse sobre la ciudad.
El Señor de la Cena preside la escena sosteniendo el cáliz, mientras la Virgen de la Paz se eleva como amparo sereno, acogiendo con su presencia a todo el pueblo fiel.
Sus atributos no se presentan como mero ornamento, sino como expresión de una luz pura: sin sombras ni desgaste, proclamando que en ellos habita una divinidad que no se extingue.
Y, sin necesidad de nombrarla, Málaga se hace presente: en la evocación de sus vidrieras, en las espigas y las vides, en los símbolos que remiten a una cofradía nacida al calor del hierro y de una profunda fe ferroviaria.